Una vez más, no importando a los vecinos de sectores aledaños, el Estadio Bicentenario de La Florida, fue escenario de un evento musical, el cual, nuevamente, dejó sin derechos fundamentales a una comunidad que ve, con el tiempo, como disminuye su calidad de vida.
La masificación de recitales, en recintos deportivos, llegó para quedarse. Lo peor de todo, es que son los ciudadanos quienes pagan las consecuencias de un negocio que los afecta, cada vez que se realizan este tipo de “manifestaciones culturales”.
Ruidos molestos, -montajes de estructuras días antes, durante y después de los shows - estiércol en plazas y avenidas, jóvenes alcoholizados, calles colmadas de vehículos mal estacionados y basura, que dificultan el paso de residentes y transportes de emergencias, daño ambiental, animal y una convivencia que cada vez decae más, entre aquellos vecinos que deben soportar, como las decisiones de terceros, afectan su vida familiar y comunitaria.
El atropello de valores, entre ellos el respeto parece haber desaparecido entre quienes están a cargo de administrar y escuchar los reclamos de los habitantes del sector, debido a que promesas incumplidas y tratos despectivos, son los que más encuentran un número importantes de personas, quienes reclaman por las condiciones mínimas a las que debe y puede optar un ciudadano.
Es de esperar que, con las denuncias realizadas, las autoridades correspondientes tengan en consideración las peticiones de los vecinos que están decepcionados e impotentes de saber que, cada encuentro musical, afecta a sus domicilios y hace insoportable la estadía, en el espacio, donde se supone, uno debe tener seguridad y sobre todo tranquilidad.
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